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antiguo y más amplio que la Iglesia, plasmarán y guiarán la misión. En el corazón de la oración no está el Reino de Dios, sino el Reino y la tierra, el Reino que llega a la Tierra tocándola y transformándola, y la Tierra como el lugar donde el Reino se realiza haciendo la voluntad de Dios, realizando los designios de Dios. La segunda parte de la oración enumera algunos rasgos del Reino, algunas maneras concretas de hacer la voluntad de Dios. La oración pide una reconstrucción radical de nuestros sistemas de fragmentación social y de brechas sociales. Pide plasmar la sociedad de manera que se respete el derecho de todos al pan de cada día, al arroz de cada día, que se compartan los recursos para vivir con dignidad y participar de manera creativa en los procesos históricos. La oración del Padre Nuestro es un acto de compromiso a un programa de acción para rehacer el mundo. El segundo punto que queremos presentar en la carta de la misión se encuentra en Mt 7,21-23. Reitera la necesidad de hacer la voluntad de Dios, indicada ya en el Padre Nuestro. Pone alerta en contra del peligro de considerar la misión como un ejercicio de retórica religiosa. La misión intenta descubrir y unir a la gente comprometida en los designios de Dios por la tierra, ganar más gente para la causa de Dios, urgir y ayudar a la gente a practicar aquello que cambiaría nuestros corazones y nuestro mundo en algo humanamente bello. Esto no se conseguirá sólo si la gente dice o firma credos, mientras que siguen inalteradas las estructuras del corazón y de la sociedad. El lenguaje de la proclamación y de la predicación encontrado en Mateo y en Marcos empieza a cambiar en Lucas y es reemplazado en Juan con martyrion, dar testimonio al Evangelio con la vida, y hasta con la muerte, y no sencillamente con las palabras. El cambio en la terminología es significativo, como lo es también la referencia de Jesús al bautismo. El discipulado consiste en nuestra participación en el bautismo que Jesús recibe. Y el bautismo de Jesús consiste en su compromiso incondicional a la causa del Reino de Dios aunque esto le cueste la vida (Mc 10,38-39; Lc 12,49-50). Se nos pone alerta de no reducir el bautismo a un rito del agua, y no pasar por alto los pocos o muchos bautizados en el misterio pascual que viven y sirven fuera de las iglesias institucionales. 11. El Cuarto Evangelio también es un evangelio orientado hacia la misión. El tema de la misión está implícito en el anuncio de la llegada en el mundo de la Palabra-Luz que ilumina a todos (1,9). Está presente en la obra de aquel que bautiza y en la función desempeñada por Andrés y Felipe en el capítulo de apertura. Subraya el lenguaje de testimonio que atraviesa toda la obra. Se hace explícito en el encuentro de Jesús con la Samaritana y en el apostolado que ella emprende. Los capítulos de 5 a 11 presentan la misión generadora de vida y libertadora de Jesús que se describe a si mismo muy a menudo como el Enviado del Padre. El capítulo 17, descrito a veces como una oración sacerdotal, es de hecho una oración centrada en la misión. Como Enviado del Padre, Jesús puede decir y hacer solamente aquello que el Padre le manda hacer. Y es ésta la misión de Jesús: convencer el mundo de que Dios lo ha amado tanto que le dio a su único Hijo para sanarlo y llevarlo a la plenitud total. Hemos visto cómo el Hijo nos da el amor que El mismo ha recibido del Padre y cómo quisiera que nosotros los diésemos al mundo. El mandato alcanza su clímax en el capítulo conclusivo de Juan cuando Cristo Resucitado sopla sobre sus discípulos y dice: Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado, os envío yo también (Jn 20,20-23). En definitiva, el Padre es aquel que envía. La misión es de Dios. Dios envía al Hijo y al Espíritu, y a través del Hijo en el Espíritu Dios envía la creación. La misión toda del universo creado debe ser una traslación, en el lenguaje de la materia, del movimiento, de la energía y de la belleza, del Verbo eterno de Dios. Su misión debe ser una revelación, una manifestación y proclamación del rostro y del espíritu de Dios, de la belleza y sabiduría de Dios, del poder y de la maravilla de Dios, y de la realidad más íntima de Dios que es amor (Rm 1,19-20; Sab 13,1-9). La misión de la creación es dar testimonio de Dios, de la presencia de Dios, de su interés para con ella (Hc 14,15-17). Un salmista se ha percatado de que los cielos proclaman la gloria de Dios y pregonan la obra de sus manos, el día al día le comunica el mensaje y la noche a la noche le transmite la noticia (Sl 19,1-4). En esta misión global de la creación, cada realidad particular tiene su parte. Cada una tiene una misión hacia el resto. Cada criatura tiene algo especial, un don, una experiencia, una promesa o un reto o una buena noticia para las demás criaturas. Los dones variados de Dios están tan distribuidos que las criaturas no necesitan sólo de Dios sino que también de las demás en una urdimbre de interdependencia cósmica, de dar y recibir, de misión y ministerio. Y esto porque la creación tiene sus raíces en la Misión Trinitaria en lo Divino. 12. Todo esto es verdad no sólo de la creación de Dios sino que también de todas las culturas humanas. No hay cultura, raza, lengua, época o sistema que puedan agotar de manera exhaustiva todas las posibilidades humanas y todas las promesas de la vida. Las percepciones y los logros de cada época, raza, cultura tienen sus propios límites y diferencias. Sirven para complementarse mutuamente, buscarse y encontrarse en el tiempo y en el espacio, y así, paulatinamente, comprender y completar lo Humano. Cada cultura tiene algo que aprender de las demás culturas, y algo que ofrecerles también. Lo mismo ¿acaso no se aplica también a las religiones? Dios habla a todos los grupos y épocas, y comunica con ellos en una variedad de sonidos y símbolos. Los dones y las gracias divinas no están concentrados y hacinados en un único lugar y en un tiempo determinados, o en un único grupo humano o en una experiencia espiritual o tradición religiosa. Nada de esto agota la verdad de Dios, ni tampoco la verdad de la relación que Dios construye en nosotros, ni la verdad de la condición humana, ni del corazón humano, ni los sueños que Dios ha puesto en él. Cada tradición religiosa es parcial e imperfecta, y contribuye a distorsionar el mensaje de Dios y a desfigurar el rostro de Dios, a hacer fracasar la obra de Dios en la historia. Dios habla a cada una de ellas a través del resto. Dios coloca en muchas manos y corazones los dones necesarios y significativos para todos. Dios envía cada una de estas tradiciones a las demás para aprender su propio nombre, porque ninguna religión es una isla, separada y autosuficiente. Todas las tradiciones religiosas y espirituales necesitan la palabra de revelación, de afirmación, de reto, de corrección, de promesa y de asistencia de la otra. Los logros de cada tradición, sus símbolos, sus santos, sus escrituras, su arte y sus intuiciones pertenecen a todos en la medida en que generan vida y liberan. Deben buscarse, ofrecerse, recibirse, asimilarse, integrarse y vivirse con respeto para provecho de la familia humana y de su hogar, la tierra. Esta es misión. Y la misión cristiana debe ser colocada y vivida en estos horizontes más anchos de la interdependencia y mutualidad de la misión y de la buena noticia entre las religiones, las culturas y las varias esferas y fenómenos de la creación. El diálogo ínter e intra, cósmico, cultural y religioso es hoy el contexto y el método de la misión. La espiritualidad para la misión consiste en abrirse a las dimensiones misioneras, a las culturas y religiones en diálogo respuesta-hábil con realidades concretas.
C. EL CONTEXTO ASIÁTICO
13. Asia significa gente. El continente alberga a más del 60% de la raza humana, es decir casi dos tercios de la población mundial, aunque corresponda sólo al 15% de la superficie del planeta. Entre los Asiáticos hay una variedad de razas y grupos étnicos, muchas familias de lenguas y una multiplicidad de culturas. Desde el punto de vista organizativo también, el continente muestra un pluralismo asombroso. Políticamente, en el continente se encuentran democracias parlamentarias con o sin reyes; y dinastías reales; gobiernos de partido único; regímenes militares y de un sólo hombre que frisan la dictadura. Desde el punto de vista económico, el sistema feudal sigue en muchas regiones; millones son los terratenientes o los campesinos sin tierra; este sistema es usado por el capitalismo liberal y la economía de mercado que recientemente ha apretado la mano sobre el continente; desequilibrios y disparidades aumentan entre los países asiáticos y en cada nación. Existen también economías planificadas a nivel central, y hay reminiscencias de tradiciones indígenas igualitarias, así como de pequeños movimientos vacilantes de socialismo participativo, auténtico. Política y económicamente abundan situaciones conflictivas tanto internacional como intra-nacionalmente: entre India y Pakistán, las dos Coreas, Irak y Kuwait, Afganistán, Sri Lanka, India nororiental, Birmania, Filipinas, Indonesia, Camboya, etc. Socialmente hay varias Asias: super rica, rica, clase media, pobre, miserable. Esta división de clase se apoya en el sistema de castas o de su pariente, el racismo, fuerte en Asia meridional, pero no desconocido en Asia oriental. 14. Hay, sin embargo, siete factores en el escenario asiático que deberían llamar la atención de la misión cristiana y que tienen un cierto peso en la cuestión de la espiritualidad de la misión sobre el continente. (a) Asia es religión. Es el lugar de nacimiento y el hogar de casi todas las religiones del mundo basadas en la escritura. Judaísmo, Cristianismo e Islamismo encuentran su origen en Asia occidental; el Hinduismo, Budismo, Jainismo y Sikismo nacieron en Asia meridional; el Confucionismo, el Taoísmo y el Shintoismo pertenecen a Asia oriental. Es también la cuna de religiones de pueblos indígenas, con tradiciones aún no encarceladas en textos escritos. Hay que tener presente que los pueblos con escrituras sagradas raramente cambian de afiliación religiosa. Y, además, que los cristianos de todas las denominaciones constituyen el 2% de la población asiática: la mitad de ellos en un único país, Filipinas. El hecho más notorio es que, en general, los Asiáticos tienen un sentido muy fuerte de la transcendencia y de la profundidad y misterio de las cosas. (b) Grandes masas de gente son económicamente pobres. Si recordamos la verdad bíblica según la cual los pobres son objeto de interés prioritario para Dios, debemos reconocer con Aloysius Pieris que la mayoría de los pobres de Dios está fuera de las iglesias cristianas. (c) Entre las causas históricas principales de la pobreza asiática hay las siguientes: i) explotación secular por señores feudales y dinastías reales; ii) conquista, subyugación y saqueo de tierras asiáticas y el secuestro de su historia y cultura sobre todo por cristianos europeos y americanos. Las iglesias a menudo han ayudado o permitido la aventura colonial en vista de la posible evangelización de los "paganos" y de la expansión eclesial. iii) la introducción de modelos de desarrollo planificados en Occidente que han resultado ir en contra de los pobres y ser un desastre para la ecología. (d) Todas las tierras asiáticas, excepto Japón y en parte Tailandia, son ex-colonias. Su economía, plasmada por los poderes coloniales y hecha sierva de los intereses imperiales, sigue, tras una independencia política aparente, siendo controlada y usada por grandes instituciones occidentales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio que intervienen y dictan directamente o a través de multinacionales y elites colonialmente cultivadas y a través de los medios de comunicación invadiendo desde los cielos. En Hong Kong hay más de 1000 compañías USA con un capital de inversión de unos 13 billones de $ con más de 250.000 empleados y 40.000 ciudadanos americanos. (The Hindu, 5 de mayo de 1997, información de Economic journal, de Hong Kong). (e) No olvidemos la presencia permanente de los militares estadounidenses en Japón y Corea desde hace medio siglo, más recientemente en los países del Golfo, y la Voz de América en Sri Lanka. Asia recuerda con desconcierto la conquista y colonización de Filipinas por Estados Unidos, la caída de las bombas nucleares sobre dos ciudades asiáticas, y la invasión de Vietnam y su destrucción gratuita.(f) La mayoría de las iglesias asiáticas ha sido implantada colonialmente, y tiene un rostro extranjero. Los intentos de inculturación e indigenización de la Iglesia, hechos por misioneros con visión, han sido oficialmente eliminados como en el caso de los ritos chinos, los ritos malabáricos y los movimientos de los Upadhyay. A nuestras iglesias han sido aplicados modelos de Asia y Europa occidentales en lo relativo a liturgia, arte, ley, y en buena parte de su historia, en el campo del liderazgo. (g) Pero es cierto que existen también movimientos, pequeños pero esparcidos y significativos, en toda Asia, tanto en la sociedad como en las iglesias, que critican con sabiduría los sistemas existentes, explorando alternativas económicas y políticas, con experiencias de socialismo y auto-gobierno auténticos para substituir las pseudo democracias capitalistas y su endémica corrupción. Aprenden de la historia de los pueblos indígenas la igualdad y la cooperación y se movilizan para desafiar la cultura deshumanizada del consumo, de la tecnocracia y del poder del estado. Y se empeñan en dar vida a iglesias locales y teologías libres y responsables, culturalmente integradas, y a fomentar el nuevo despertar de las mujeres, de la juventud y de los seglares. D. UNA ESPIRITUALIDAD DE MISIÓN EN UN CONTEXTO ASIÁTICO 15. Según nuestra definición la espiritualidad consiste en estar abiertos y responder a la realidad. Una espiritualidad de misión en un contexto asiático pide apertura y respuestas al mensaje y al misterio de Jesús y a la realidad de Asia. Consistiría en contemplar a Asia con una mirada que ha contemplado a Jesús crucificado y resucitado; consistiría en atravesar en espíritu y con el corazón el continente a lo ancho y a lo largo, visitando sus pueblos y culturas; consistiría en dejar entrar a Asia en nuestro corazón, dejando que sus ríos fluyan en nosotros, sus vientos soplen en los rincones de nuestra mente, sus perfumes de loto y de incienso penetren en nuestro espíritu, y sus montañas y sus árboles se eleven en nosotros como la oración de la tierra hacia el Misterio infinito de Vida y Amor. La espiritualidad de la misión empieza con amar a Asia, llevarla en nuestro corazón, querer sus rasgos, sanar sus heridas y creer en su futuro. (i) Los enviados de Cristo estarán al lado de los asiáticos, cerca de su realidad, sin tener en cuenta su color, cultura y credo, amándolos por ellos mismos, por lo que son, por lo que han llegado a ser; Sabiendo que los más pequeños y los últimos entre ellos están hechos a imagen y semejanza de Dios, y son más importantes que cualquiera verdad, ritual, ley, tabú y autoridad. Porque la espiritualidad tiene que ver con esa dimensión de lo humano a la que la Biblia apunta cuando habla de la persona hecha a imagen de Dios; llamada por Dios y empeñada en el diálogo con él; cuestionada por Dios e interpelada, hecha capaz de una respuesta; enviada por Dios a cultivar la tierra y a guardarla, a nombrar las cosas y a nombrar a los demás, a liberar a los esclavos, a dejar que la justicia fluya como un río, y a imaginarse y crear lo nuevo y lo bello; capaz sobre todo de sueños y de visiones, y de amar profundamente hasta dar la vida por los amigos. La gente es espiritual en sus luchas por el arroz de cada día, en su entrega hacia sus hijos, en su amor por los demás, en sus oraciones sencillas, en su confianza en Dios, en la responsabilidad que asumen por las nuevas generaciones. El responder a la gente con respeto y cariño es acción evangelizadora y espiritualidad de misión a la vez. (ii) Nuestra fe misionera nos educa a responder al hecho que Dios no ha dejado nunca a estos ni a otros pueblos sin evidencia de su interés hacia ellos, que Dios está presente y que se ocupa de ellos 'dispensando desde el cielo las lluvias y las estaciones fructíferas, llenado de alimentos y de alegría sus corazones' (Hc 14,17-18). Responder también al hecho que Dios ha hablado siempre a la gente abriendo su corazón en el lenguaje simbólico de la creación (Rm 1,19-20), así como en la verdad de la ley divina grabada en los corazones de la gente (Rm 2,15). (iii)La apertura misionera considerará sagrada la historia asiática, como historia de salvación, incluida en el plan de salvación universal de Dios. Dios es el libertador y el líder, no solamente de Israel sino que también de los Filisteos y de los Arameos (Amos 9,7); Dios es el Dios de Job, el Edomita; Dios es un Dios que unge a Ciro el persa, el Mesías que pastorea Israel (Is 45,1-7). (iv) La misión no puede ser entendida en términos de llevar a Dios o dar Cristo a Asia. La misión será, más bien, el humilde intento de percibir la presencia de Dios entre su gente y discernir lo que Dios ha hecho y sigue haciendo a través de los siglos; las gracias y los carismas con que Dios ha enriquecido a cada nación; los santos que Dios ha dado, la fe que Dios ha alimentado, la justicia que Dios ha fomentado, las transformaciones sociales que Dios ha conducido, para dar mayor libertad, para alcanzar una vida más llena. La misión está aquí para discernir y agradecer. Esta Eucaristía constituye la parte más relevante y la tarea de la misión. (v) La misión enseñará a aceptar las escrituras sagradas de todas las religiones como Palabra de Dios, hablada a la familia de Dios en Asia, dones hechos para toda la familia humana de Dios. La colección de cristianos asiáticos de los escritos sagrados será mucho más numerosa que la de sus compañeros cristianos de Europa, así como hoy en Occidente la Biblia Católica es un poco mayor respecto a la Protestante. Pero todos nosotros llegaremos a conocer el don de Dios y a beber del agua viva de los manantiales del Salvador (cf Jn 4,10). El rechazar la herencia sagrada de Asia y el prohibir su uso en la liturgia cristiana es señal de actitudes cerradas y de falta de sensibilidad que contradice las tradiciones bíblicas y excluye la espiritualidad. (vi) Cristo resucitado que precede a los apóstoles en Galilea (Mc 16,7) ha precedido de muchos siglos a los misioneros en Asia. En primer lugar, nace asiático. En segundo lugar, al identificarse con los hambrientos y los sin hogar (Mt 25,31-46), está seguramente allí donde hoy las masas pobres de Asia luchan por sobrevivir. Hay que descubrir al Cristo de Asia, ponerse a su lado y trabajar con él por la liberación de los pobres. (vii) El mundo rico pretende poseer a Cristo. Un Cristo ¿con o sin la cruz? Asia seguramente tiene la cruz, y la semejanza es que el Crucificado cuelga de ella. La nuestra es estar a los pies de la cruz de Asia en compañía de la madre de Jesús. La nuestra es tocar, con Tomás, las heridas del pueblo y reconocer a Mi Señor y a mi Dios (Jn 20,24-28). La espiritualidad de la misión asume la forma de solidaridad con los pobres de Asia y la participación en sus movimientos y luchas por la comida, la libertad, la dignidad y la comunidad. (viii) La misión en Asia llorará con Jesús la muerte de los hijos de Asia a causa del hambre y de la miseria causadas por las políticas de desarrollo de la codicia y de los poderosos. Los misioneros recogerán en el cáliz de su corazón las lágrimas de los pobres de Asia, levantándolo para que Dios lo vea, lo bendiga y lo transforme en una copa de vida abundante. (ix) Y mientras no perderemos ocasión de nombrar el Nombre de aquel que optó por los pobres con los pobres, los sin techo, que optó por la piedra rechazada y fue el Siervo sufriente de todos. Nombraremos al Santo que está presente y da sentido y valor a las heridas y al llanto de todos, que planta las semillas de la resurrección
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