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La Misión de la Iglesia hacia el Tercer Milenio
¿Existe para el hombre del Tercer Milenio una esperanza fuera de la Iglesia y de la Buena Nueva que ella está llamada a proclamar a todo el mundo y en todos los siglos? Con otras palabras: en los albores del Tercer Milenio, ¿es necesaria y posible todavía la Misión? "El Concilio Vaticano II ha querido renovar la vida y la actividad de la Iglesia según las necesidades del mundo contemporáneo: ha subrayado su "misionariedad" fundándola dinámicamente sobre la misma misión trinitaria". (RM 1). Por esto, el camino de la Iglesia está lleno de esperanza. "A 25 años de la conclusión del Concilio y de la publicación del Decreto sobre la actividad misionera ad gentes, a quince años de la Exhortación Apostólica Evangelii nuintiandi del Pontífice Pablo VI de venerable memoria, deseo invitar a la Iglesia a un renovado empeño misionero… En la proximidad del Tercer Milenio de la Redención, Dios está preparando una gran primavera cristiana, de la que ya se vislumbra su comienzo". (RM 2,86). El camino de la Iglesia hacia el nuevo milenio está en la seguridad de Aquél que dijo "Yo soy el Camino"(Jn 16,6). El paso de los creyentes hacia el tercer milenio no resiste absolutamente el cansancio que el peso de dos mil años de historia podría llevar consigo; los cristianos se sienten más bien reconfortados a causa de la conciencia de llevar al mundo la luz verdadera, Cristo el Señor" (IM2).
Las exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II en el cumplimiento de los Sínodos Especiales de los Continentes, expresan con el análisis detallado de los varios problemas una confianza ilimitada en el Dios de la historia. La claridad de la percepción y la profundidad de reflexión, junto con la pasión por el hombre y su destino, revelan la presencia del Espíritu iluminante que sólo puede ofrecer esperanza a la humanidad. En estos Sínodos Continentales de fin de milenio, la Iglesia presenta un desfile de diferentes situaciones de pueblos y de ambientes, ofreciendo al mundo la fotografía de sí mismo, luces y sombras, éxitos y fallas, glorias e infamias. La fotografía resultante es bajo muchos aspectos desanimante y bajo otros consolante. Pero lo negativo de la humanidad atravesado por la luz de la fe cristiana, ofrece siempre horizontes de serenidad y rostros resplandecientes de esperanza. En todos estos Sínodos hay líneas de pensamiento y perspectivas de empeño comunes que brotan el esmerado análisis de ideologías y situaciones en confrontación con los principios fundamentales de la Doctrina Católica claramente expuestos por el Concilio Vaticano II. La Misión no puede prescindir de estas líneas y perspectivas que son la realidad de la vida y de la orientación del desarrollo de los diversos pueblos de la tierra.
1. Globalización
Examinando los documentos la primera realidad que se descubre y la última en la escena de tiempo es la globalización del mundo. Así lo hace notar el Papa en la Exhortación Ecclesia in America: "El complejo fenómeno de la globalización… es una de las características del mundo actual, particularmente encontrable en América. Dentro de tal realidad multiforme, gran importancia reviste el aspecto económico"(55). "Se trata de un proceso que se impone a causa de la mayor comunicación de las diversas partes del mundo entre sí, conduciendo en la práctica a una superación de las distancias, con efectos evidentes en campos muy diferentes"(20).
El concepto de la globalización es relativamente nuevo. Con él se quiere expresar la rapidez con la que una nueva realidad está emergiendo y condicionando la actividad del mundo entero a todo nivel. Quizás es todavía más significativo después el aspecto de una globalización cultural, hecha posible por los medios modernos de comunicación social. Esta, lo dijeron los obispos de Asia, está atrayendo rápidamente a las sociedades asiáticas hacia una cultura consumista global, secularizada y materialista. El resultado es la erosión de la familia tradicional y de los valores sociales que hasta ahora sostuvieron a los pueblos y sociedades.
La primera pregunta que nos hacemos es: qué tipo de misión realizar en el futuro y con cuáles características y medios. En efecto, si la globalización mundial llega a nivelar toda cultura o a esconder todo valor intrínseco de la civilización de los diversos pueblos, será necesario repensar la Misión en términos de inculturación y diálogo, con la información en tiempo real para todo el mundo y una educación que orientara prevalecientemente hacia la ciencia y la tecnología con vistas a un mayor desarrollo para un bienestar mayor.
2. Proclamación
La vocación misionera de la Iglesia ha sido exaltada por el Concilio Vaticano II que ha ligado la actividad misionera a la esencia de la Iglesia misma, a su misma naturaleza (AG 2). "Ella hace suyas, pues, las palabras del apóstol: "¡Ay de mí si no predicase el Evangelio!" (1Cor 9,16) y por eso continúa enviando ininterrumpidamente misioneros…" (LG 17). Es la respuesta al mandato de Cristo: "Id a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura"(Mc 16,15) y es una necesidad reafirmar este deber frente a nuevas teorías sobre la misión y sobre el valor de las religiones no cristianas para la salvación, es decir su carácter soterilógico.
La necesidad de la proclamación del Evangelio se ha hecho urgente en un mundo donde las religiones y culturas se encuentran y son presentadas por los media al juicio, muchas veces ingenuo, de cada persona. Hay que recuperar ante todo el espíritu de la primera evangelización de la Iglesia: "El anuncio es animado por la fe que suscita entusiasmo y fervor en el misionero… Los Hechos definen tal actitud con la palabra parresia, que significa hablar con franqueza y coraje…" (RM 45).
3. Inculturación
"La Misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún muy lejos de su cumplimiento. Al término del segundo milenio de su venida, una mirada de conjunto a la humanidad demuestra que tal misión está todavía en los comienzos y que debemos empeñarnos con todas las fuerzas en su servicio" (RM 1).
El impacto verdadero de la afirmación del Pontífice está en el motivo por el que "debemos empeñarnos con todas las fuerzas". Esto es descrito por los observadores de la misión y constatado por todos los misioneros, es decir, la distancia cultural que ha separado y que separa todavía a la Iglesia de las culturas locales. A diferencia de la Iglesia de los primeros tiempos, que se revistió de la cultura grecorromana, la misión moderna no ha asumido completamente los connotados de la cultura de los pueblos que ha evangelizado. Por eso, ella es vista todavía, por diversas razones y no siempre lógicas o justificadas, como una Iglesia de otra cultura.
La inculturación con todo lo que comporta en el ámbito de la liturgia, la pastoral, y los ministerios es "la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante la integración del cristianismo y su enraizamiento en las varias culturas… La inculturación es un camino lento que acompaña a toda la vida misionera" (RM52).
El problema es particularmente vivo "en el contexto de la rica variedad de culturas y religiones de Asia; es necesario poner de relieve que ni el respeto y la estima hacia estas religiones, ni la complejidad de los problemas puestos son para la Iglesia una invitación a silenciar el anuncio de Cristo frente a los no cristianos" (RM 20; EN 53).
4. Diálogo
Un aspecto importante y un prerrequisito de la inculturación es la preexistencia de realidades culturales, religiosas y sociales en las que el mensaje evangélico debe resonar y confrontarse. La inculturación misma está sometida a la necesidad de encontrar, conocer, interpretar estas realidades para poder instaurar con ellas un Diálogo de comprensión, de aprecio y de purificación. Hasta ahora nosotros limitábamos en general el diálogo al religioso-cultural y en esos continentes y naciones donde la misión está todavía en curso. Esta perspectiva, sin embargo, con nuestra mayor o menor sorpresa, está ya superada por dos razones: la presencia de un número no indiferente de miembros de otras religiones en países cristianos de Europa y de América; la nueva cultura anticristiana que se está difundiendo en el mundo entero con aspectos totalizantes como aquellos de una nueva "Religión Secular". De aquí la necesidad de hacer o renovar la misión con el ensanchamiento de la inculturación a la comprensión de la realidad de la Secularización y el diálogo necesario con las nuevas religiones o sectas de ellas derivadas.
Conclusión "Vayan, pues, por todo el mundo.."(Mt29,19) El ir, en efecto, es parte esencial de la Misión que debe salir de las actuales estructuras eclesiales, de sus seguridades y de su jerga cultural, para enseñar en los caminos del mundo en la lengua usada por el hombre de hoy de toda tribu y nación que camina a su lado. Es necesario que todos hablen ahora en la Iglesia de los cinco continentes en términos de misión, (anuncio, inculturación y diálogo) para que la enseñanza de la Iglesia pueda volver a asumir el impulso misionero que abraza a todas las culturas.
(Extractos de OMNIS TERRA No. 295)
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