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P. Samuel Rayan, S.J.
UNA ESPIRITUALIDAD DE MISIÓN EN UN CONTEXTO ASIÁTICO


Estamos escuchando el murmullo de tres ríos: espiritualidad, misión y Asia. Deseamos ver desde dónde fluyen y hacia dónde confluyen, y responder a su misterio lo mejor que podamos.
Avanzamos por etapas: en las tres primeras comentaremos sobre los tres componentes que nos interesan: espiritualidad, misión, el contexto asiático; en la cuarta, intentaremos unirlos.

A. ESPIRITUALIDAD

1. El mundo es problemático, y hasta peligroso. Parece excluir las realidades materiales y sus actividades. Sugiere lo inmaterial, lo no corporal, lo no social, lo a-histórico, lo interior, el otro mundo. Huele a dualismo y docetismo que en el pasado han infectado ciertas tradiciones religiosas y hasta cristianas. Solían recomendar el desprecio por y la fuga del mundo - del mundo de la materia, de los sentidos, de las necesidades corporales, de lo temporal y efímero. Los diccionarios indican que "espiritualidad define lo espiritual distinto de lo físico o material". Un Diccionario de Espiritualidad Cristiana (Wakefield, 1985) nos dice que el término se usa para describir "actitudes, beneficios, prácticas que animan la vida de la gente y la ayudan y la elevan hacia las realidades sobrenaturales". Monica Furlong, sin embargo, lamenta en el corazón del cristianismo la presencia de una 'ruptura entre sensualidad y espiritualidad' (Furlong,245). En los siglos XV y XVI en Inglaterra 'espiritualidad' indicaba al clero como grupo distinto de la sociedad, la propiedad eclesiástica y los ingresos del clero. La tendencia de la clase rica ha sido, por lo general, igualar espiritualidad y religión con lo sobrenatural y hacerlos cohabitar a gusto con la práctica de la opresión, de la explotación, del comercio de los esclavos, del racismo de las conquistas imperiales, de la represión colonial y del saqueo, del sexismo, de las divisiones de clases, de los mecanismos de mercado, del provecho y de la codicia sin límites y de la guerra. Esta espiritualidad trans-mundana promete la salvación individual, y no ve contradicción entre la cruz de Cristo y el poder del dinero.
2. Una interpretación menos adulterada de espiritualidad la identifica casi exclusivamente con la religión explícita - con la piedad, las devociones, las oraciones, los dogmas, los ritos, el culto y su organización, o con elementos relacionados con el alma individual y su salvación como distintos de lo que atañe el cuerpo o la comunidad humana. Y así rezar, meditar, confesar serían ejercicios espirituales, pero no representar a Hamlet o cavar un pozo para una aldea sedienta. La Biblia o la Imitación de Cristo o la Santa Regla de la Congregación serían lectura espiritual, pero no los Hermanos Karamazov o Los viajes de Marco Polo o los Cuentos de Grimm. La espiritualidad tendía a definirse en oposición a lo político, lo económico, lo social, lo activo, lo exterior y se asociaba íntimamente con ascetismo y monasterios, monjes y monjas. O se pensaba que fuese algo a disposición en los ashrams, en las casas de retiro o en cursos para sacar un diploma. El resultado fue que para mucha buena gente, en particular para la juventud, la espiritualidad olía demasiado a claustro y sacristía, o a incienso y velas; parecía como algo abstracto, algo que mata la alegría, que niega la plenitud de vida y la implicación total en la construcción de un mundo bello. La diablura se debía, probablemente, a una mala interpretación de una frase paulina. Pablo menciona a veces el término 'carnal'. Por carnal Pablo no entiende el cuerpo en contra del alma, sino toda la realidad humana pecadora, desobediente a Dios, corruptible. Pero en un contexto neoplatónico significó, erróneamente, el cuerpo. Y lo 'espiritual' en Pablo se refiere al Espíritu Santo; esto también fue mal interpretado y considerado como interioridad humana. Sin embargo, se reciben bien algunos términos relacionados con lo espiritual y una 'conversación animada' gusta a todos. Se puede añadir que hoy la espiritualidad está recobrando credibilidad y popularidad. Es algo que la gente busca, y lo hace a veces viajando al extranjero, saturada como está del vacío de la opulencia materialista. (Hardy y Sedwig: 198).
3. Sin embargo, algunos atisbos de dualismo siguen pegados a la palabra 'espiritualidad'. La palabra se ha hecho ambigua y, en un cierto sentido, se presta a confusión. Por esto hemos buscado otras expresiones no tanto para reemplazar espiritualidad sino para destacar su intento real y su significado. Y así se habla de la vida de Dios, o del vivir ante Dios, o de caminar con Dios y con los demás, o de la unión personal con Dios, o de tener conciencia de Dios. Para algunos la espiritualidad tiene que ver con el poner orden en la propia vida, con la forma que le damos y con fijar prioridades. Otros la describen como la experiencia primordial del arraigo, como una sensibilidad radical; o como aquello que da sentido a la vida humana, o como el liberarse para liberar a los demás, o como el amor de lo que es bello (philokalia), o como la experiencia de desierto según el Exodo o Oseas 2. Según María Teresa Porcile la espiritualidad es "un tipo de añoranza de Dios, del silencio, de la belleza, de la liturgia, del canto, de la teología, que se convierte en adoración... y en una manera de mirar el mundo que está siendo transformado en compasión y en himno, anticipación de Jerusalén." (Porcile, 35). A.Schmeman aclara que esta espiritualidad cristiana no sirve exclusivamente para la vida interior o la persona interior. Es para el alma, así como para el cuerpo, para la sociedad como para el individuo. Consiste en poner en práctica los dos mandamientos de amar a Dios y a los hermanos, naturaleza inclusive. (Schmeman, 107). W.Pannenberg presenta la espiritualidad como una realización paulatina del Evangelio que afirma la transformación de la persona humana y de la historia humana por medio del amor de Dios (Pannenberg, 108f). El profeta Miqueas contestaría que la espiritualidad consiste en actuar con justicia, amar con ternura y caminar humildemente con el Dios de todos nosotros (Mc 6,8). O, según la frase de Jesús, ser espiritual significa 'pensar en las cosas de Dios', pensar como Dios piensa y vivir conforme (Mt 16,23).
4. Para algunos, espiritualidad es algo esencialmente racional. Es una relación entre el discípulo y el maestro, entre el fiel y su Dios personal. "Una relación de intimidad", dice Kroeger, "está en el centro de la espiritualidad bíblica" (Kroeger, 1990,259, 1994,21; cf Exodo 19,4-6; Lv 26,12). Describe la espiritualidad como una "fuerza operativa humano-divina en nuestras vidas", y habla de ella en términos de procesos de crecimiento y evolución hacia la madurez. La espiritualidad tiene que ver con amplios horizontes de conciencia espiritual o conciencia de Dios o vida de fe" (Kroeger, 1994,22). Mary Grey, al citar a Martín Buber, indica que "la categoría fundamental de la existencia es la racionalidad"; que es "mutualidad, dinamismo, una respuesta expresada de distintas maneras" (Grey, 84). Con Tomas Merton el acento de la espiritualidad cae sobre la transformación de la conciencia que pasa de estar centrada en sí misma a estar centrada en el otro: "uno deja de ser su propio centro para centrarse en Dios" (cf Kroeger, 1994, 23). Elizabeth Fiorenza pone el acento sobre la relacionalidad. "El punto focal", escribe, "de la primera auto-interpretación cristiana no fue un libro sagrado, o un rito cúltico, ni tampoco experiencias místicas e invocaciones mágicas, sino un conjunto de relaciones: la experiencia de la presencia de Dios entre y través de los demás....". Por consiguiente la espiritualidad cristiana vino a significar "comer juntos, compartir juntos, beber juntos, hablar con los demás, recibir de los demás, experimentar la presencia de Dios a través de los demás y, al hacerlo, proclamar el Evangelio como visión alternativa de Dios para todos, especialmente para los pobres, los marginados y los oprimidos" (Fiorenza, 345).
5. Otros, aparentemente, descuidan la relacionalidad y sitúan la espiritualidad en la estructura y en el dinamismo de lo Humano: en la libertad humana y en la creatividad humana, en la capacidad de transcenderse a uno mismo. Y así se nos dice que todos los seres humanos son espirituales, creyentes o no. Todos "tienen un campo en el que son libres para la trascendencia con nuevas posibilidades en el centro de su ser desde donde pueden formular un respuesta total con voluntad, intelecto y sentimientos" (Hardy y Sedwig, 198). Michael C.Reilly afirma que el ser humano es espiritual porque dicho ser es un espíritu encarnado con conciencia reflexiva, pensamiento crítico y auto-expresión creativa. "La espiritualidad es la vida interior del ser que sabe y hace. La vida interior hace posible que el ser se exprese en símbolos de cultura, para pensar, meditar, asombrarse, hacer proyectos, alcanzar, criticar, innovar y auto-sacrificarse". (Reilly, 22). La espiritualidad, por consiguiente, es la actitud fundamental, práctica, existencial de los seres humanos que es consecuencia y expresión de la manera de entender su existencia y el significado de la realidad. Es la manera en que actúan o reaccionan en su vida según unos objetivos fundamentales que fluyen de su visión del mundo. La espiritualidad cristiana "es el cómo uno vive según la propia visión de fe en el Dios Creador que asume el mundo y su historia en la persona de Jesús Nazareno, crucificado y resucitado... en el Espíritu" (Reilly, 24). Para M.M. Tomas "la espiritualidad humana es el camino en el que el ser, en la libertad de la auto-trascendencia, busca una estructura del significado último y en lo sagrado en el que uno puede realizarse a si mismo en y a través de su propia implicación en las realidades corporales, materiales y sociales y en sus relaciones de vida sobre la tierra". (Tomas, 95).
6. Esto nos lleva al núcleo de la cuestión. La espiritualidad es la vida en el Espíritu, el vivir impulsados por el Soplo del Espíritu. En la Biblia, la mayoría de las veces, Espíritu no significa el alma humana, sino el Espíritu Santo de Dios. Espiritual es aquello que el Espíritu crea, inicia, inspira, da, guía, sostiene, bendice, aprueba, anima, acepta y con lo que se regocija. Por consiguiente, toda la creación es radicalmente espiritual: la tierra y el cielo, los pájaros y las bestias del campo, hombres y mujeres todos son espirituales desde sus fundamentos y en su apertura esencial a la moción del Espíritu. Esta percepción es vital para una interpretación auténtica y olística de espiritualidad que evita cualquier error dualista y docetista. Pero tiene también sus límites. Esta visión proporciona el horizonte necesario para cualquier interpretación y aplicación de espiritualidad. Pero tiene sus límites también. Indica la función y la actividad del Espíritu más que la parte que nosotros, los humanos, debemos desempeñar en la historia de nuestra vida en el Espíritu. Debe ser completada; o, más bien, esta rica descripción de espiritualidad desde el Espíritu ha de ser contada desde nosotros.
7. Esto es posible hacerlo afirmando que ser espirituales significa estar abiertos a la realidad y responder a ella lo mejor que se puede. Desde la perspectiva de la praxis humana, la vida en el Espíritu se define en términos de apertura y de respuesta a la realidad. La realidad hay que entenderla de manera inclusiva: lo abarca todo, desde la arena y la hierba, pasando por el canto de los pájaros y el aullido de los tigres en los bosques, de noche, a través del sistema solar y las constelaciones en un universo que se expande; el universo estructurado y complejo dentro de cada molécula; al mundo del pensamiento, del duelo y del amor, la fragilidad en las profundidades de los corazones humanos, el hambre y la miseria y las lágrimas de hombres y mujeres; la experiencia de perdón y el Misterio Ultimo de vida y de amor que llamamos Dios, Brahma, Alá. Ser espiritual significa estar abiertos a estas realidades, a todas ellas, a cualquiera de ellas y a todas las ulteriores posibilidades, sin rechazar ninguna de ellas, sin excluir ninguna. Apertura significa escuchar al otro, la profundidad y el silencio de las cosas y de los acontecimientos, rehusar cerrar la puerta a las posibilidades por muy desconocidas, no apetecibles, interpelantes y molestas que sean. Apertura significa estar dispuestos a la sorpresa de la historia y del cosmos. El materialismo es una opción que perjudica la estrechez mientras que los cuentos de hadas afirman que nada de lo que se nos da dentro de nuestra experiencia agota las posibilidades de lo real. Estar abierto significa dejar que la realidad nos inunde con toda su belleza, fealdad, asombro, terror; dejarla entrar, invadir nuestra vida, tocarnos en profundidad, afectarnos, despertarnos, alegrarnos, herirnos, y movernos al gozo, al canto, al dolor, a las lágrimas, a la rabia, a la acción. A una acción relevante, acción que responde a la realidad y su condición actual, que afirma, fomenta, niega, se resiste, trastorna, transforma como lo requiere el caso. La responsabilidad (respuesta-hábil) afrontará no sólo la realidad actual sino que también su pasado y su futuro; hablará a lo personal así como a lo estructural. Ser espiritual quiere decir estar abiertos y responder a la realidad de la tierra, de la historia, de la vida, de la gente, del Espíritu.
8. La parábola del Buen Samaritano (Lc 10,29-37) podría ilustrar el punto. Dos hombres religiosos, dos personas de culto, un sacerdote y un levita, vieron al viajero al borde del camino, despojado de sus bienes, golpeado, medio muerto: lo vieron y pasaron de largo. Luego llegó un no-Judío, un no creyente, un Samaritano, alguien que las personas religiosas despreciaban. El también vio lo que había visto el sacerdote y respondió de una manera distinta a la del sacerdote. Movido a compasión se acercó al hombre moribundo, vendó sus heridas, le montó en su cabalgadura, lo llevó a la posada más cercana y se ocupó de que alguien le cuidara hasta que recobrara la salud, pagando él todos los gastos. El samaritano era un hombre abierto: la suya fue una respuesta-hábil; él amaba a su prójimo, tenía una fe auténtica, la suya era una religión verdadera, su culto verdaderamente espiritual. Fue la suya una respuesta mucho más consistente que la del sacerdote, aún pensando que el sacerdote se estaría, quizá, apresurando por ir al templo para rezar por la víctima del bandido. El sacerdote no estaba abierto: la suya no fue una respuesta. Lo que el Samaritano hizo, lo fue. Y Jesús dijo a los doctores de la ley: Id y haced lo mismo, seguid al Samaritano, tomando de él esta lección.
De la Biblia podrían sacarse muchas más ilustraciones de una espiritualidad auténtica, pero son también ilustraciones de una espiritualidad para la misión. Por esto, antes de presentarlas, diremos una palabra sobre misión.

B. MISIÓN

9. "Vete y haz tú lo mismo" del relato del Samaritano es una palabra de misión; Y la espiritualidad que la historia describe en términos de humanidad rota, de indiferencia religiosa, de sensibilidad, vino, aceite, dinero, humanidad, responsabilidad y amor, transmite fielmente el rostro auténtico de una espiritualidad de misión.
Tradicionalmente Mt 28,18-20 ha sido considerado y obedecido como el gran mandato misionero del Señor. Pero debates y dudas descritos en los Hechos indican que el pasaje de Mateo es una palabra de Jesús que inaugura una misión del mundo; es una palabra de la primitiva Iglesia, que prevé la feliz conclusión de las primeras controversias cristianas. El hecho es que Jesús limitó su ministerio y el de sus discípulos a la casa de Israel y a sus ovejas perdidas. (Mt 10,5-6; Mc 7,26-27; Hc 10,11). Pero Jesús no nos deja sin palabras directas sobre la misión. La palabra la tenemos en el "Vete y haz tú lo mismo" del relato del Samaritano. Otra, absolutamente central y decisiva es el mandamiento de amor de Jesús:
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros (Jn 13,34).
La palabra sobre la misión de parte de Jesús resume todas las enseñanzas y sintetiza el significado de su vida y de su muerte. Amar es el ministerio y la misión de los discípulos; debe ser el sello de distinción de la iglesia: "Por el amor que os tenéis, reconocerán todos que sois discípulos míos" (Jn 13,35). Luego el mandamiento se repite en una estructura trinitaria dinámica: está el Padre, está Jesús, está su Amor compartido que nos atrae:
Igual que mi Padre me amó os he amado yo... Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado... esto es todo lo que os mando: que os améis unos a otros (Jn 15, 9-12-17).
Y el amor tiene que convertirse en servicio relevante concreto y en aceptación de responsabilidades por los demás:
Si yo os he lavado los pies, debéis hacer lo mismo unos con otros. (Jn 13,14; Mc 10,41-45).
Pero aquel 'unos a otros' no tendría que limitarse a un círculo cerrado: los discípulos no deben convertirse en un gueto. Somos enviados a romper los círculos para difundir amor y servicio y transformar el mundo. La palabra de la misión es ésta:
Amad a los enemigos, rezad por los que os persiguen (Mt 5,44). Descubre un nuevo camino de vida, un nuevo estilo de relaciones, un nuevo conjunto de valores, una nueva práctica económica, que sorprende al mundo:
Si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una milla, acompáñalo dos; al que te pide dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda" (Mt 5,39-42).
Esta milla gratuita, después de la milla que uno se ve obligado a recorrer por miedo o por dinero, será la milla de la sorpresa, la milla evangélica, y el significado y la manera de la misión de gracia. Porque si amamos sólo a los que nos aman o a los que son amables ¿qué hay en nuestro comportamiento de excepcional y sorprendente? Cualquiera podría hacerlo independientemente de la misión del Evangelio y de la noticia asombrosa de Jesús. Seguir, pues, los caminos del Padre. Su amor-justicia sorprende dando a todos sol y lluvia, tierra y alimentos; no dando lo que merecemos, sino aquello que necesitamos para existir y crecer. Estas palabras describen la misión y su método y encierran una espiritualidad para la misión.
10. Semejante a éste es el mandamiento en Mt 5,23-24 sobre la interrupción del culto para dar prioridad al quehacer evangélico de construir la comunidad, ser artífices de paz y de reconciliación, echar las bases de un mundo nuevo, bello (cf Mt 5,8; 2 Cor 5,17-19). Del mismo modo, la bendición pronunciada sobre los que tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6) y luchan al lado de las víctimas de los sistemas económicos, políticos y sociales inicuos, encierra un mandato misionero. Todas las bienaventuranzas son, en efecto, palabras de misión que indican al lado de quién deben estar los mensajeros del Evangelio, qué valores y objetivos deben perseguir, qué visiones y sueños deben tener para ganarse a la gente, qué estilo de vida deberían adoptar, y qué precio tendrán que pagar para el discipulado. El mandato misionero, que concluye esta parte, es claro: Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se pone sosa, ¿con qué se salará? Ya no sirve más que para tirarla a la calle y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende un candil para meterlo debajo del perol, sino para ponerlo en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre también vuestra luz a los hombres; que vean el bien que hacéis y glorifiquen a vuestro Padre del cielo (Mt 5,13-16).
El Evangelio de Mateo es misionero y tiene una perspectiva global empezando por la genealogía (cap 1), a través de la historia de los Magos (cap 2), y la historia de la Luz que irrumpe en las tinieblas de la existencia de los Gentiles (4,12-17), a través de la auto-identificación de Jesús con los necesitados (8,20; 25,31-46), y los fenómenos cósmicos que aparecen a la muerte de Jesús (27,51-54) sobre la misión del mundo al final (28,18-20). El Sermón del Monte es una carta formal de la misión. Queremos llamar la atención sobre dos puntos de la misma. La primera es el Padre Nuestro (6,9-13). Esta oración dice que el fin de la misión es la gloria del Padre que en el encuentro con la realidad de Dios se experimentará como significativa, generadora de vida, libertadora. Dice que la misión está al servicio del Reino de Dios. Los valores y las dinámicas de este Reino, que es más

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