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Camugna,una comunidad que renace de las cenizas Orlando Serrano, Filipinas
Camugna, es una de las comunidades que hacen parte de nuestro extenso territorio misionero. Es una de las aldeas más lejanas de lo que podrían llamarse centros urbanos y del centro de nuestra misión. Esta situada a unas siete horas de camino a pie por las montañas que rodean esta zona de las Filipinas. Esta situación de lejanía hace que esta comunidad sea una de las más puras en lo referente a su cultura e idiosincrasia, además conservan la lengua, las costumbres, las creencias, la organización social y muchos otros aspectos de su vida tradicional. Esta pequeña y alejada comunidad tiene su propia historia, los misioneros llegaron allí por petición de la misma comunidad que tenía el deseo de tener una escuela en donde los niños pudieran aprender a leer, a escribir y a sumar. Así empezaron las cosas con una pequeña escuela, donde no han faltado los problemas, el principal, la mayoría de los maestros que han pasado por allí han salido casados o los han casado. Esta situación y especialmente la que sucedió con el último de los maestros quien tuvo que huir a escondidas bajo amenaza de muerte, por negarse a aceptar a una chica como su segunda esposa (entre los Tagakaulos existe la poligamia), obligó a cerrar la escuela, pues no encontrábamos quien quisiera ir a trabajar como maestro allí y menos con la tensión de los últimos sucesos. Sin embargo la comunidad cristiana, siguió reuniéndose cada domingo para celebrar la Palabra y para celebrar su fe. Los líderes de la comunidad, jóvenes en su mayoría, (algunos de ellos con familia), no dejaron de asistir a las reuniones de la zona a la que pertenecen y mantuvieron vivo el contacto con la misión y su deseo de ser y de crecer como comunidad. El pasado mes de Marzo sucedió algo especial, uno de los jóvenes de esa comunidad terminó su secundaria. Y así surgió una nueva esperanza. Conversamos con la comunidad, con el candidato, se visitaron los papás, se hizo claridad en el compromiso de la comunidad y el maestro. En menos de un mes reconstruyeron la escuela y reorganizaron las clases. El maestro esperaba empezar las clases el 15 de Junio, pero aún no estaba lista la escuela, sin embargo la comunidad dando muestras de interés, intensificó el trabajo y las clases empezaron el 5 de Junio, como en las otras escuelas del programa. Parece algo simple y sin mucha trascendencia, sin embargo para las gentes de esta comunidad lejana, la escuela y el sentirse apoyados por nuestra comunidad cristiana, les ha dado un nuevo sentido a su vida y según ellos, es lo más valioso que les ha podido suceder en muchos años.
Un signo de madurez Orlando Serrano, Filipinas
El pasado 25 de Junio en una de las parroquias de la diócesis de Digos, se celebró el envió misionero de dos jóvenes Filipinas que viajaron a Camboya a compartir su vida y su fe. Van asociadas a los PME, y ya se han integrado al PGM Cambodia, un proyecto de los Misioneros de Quebec y los Misioneros de Yarumal. Es el primer grupo de laicos que se asocia en las filipinas para un proyecto de misión en el extranjero. Las dos misioneras son Betty y Dolly, ellas habían formado parte del equipo de Pastoral Indígena de la diócesis con la que trabajamos en las Filipinas, prestaron sus servicios en el campo de la salud y la formación de promotores de salud; allí nació su deseo de asociarse a un proyecto misionero internacional. Para quien conozca la cultura filipina, sabe que no es fácil tomar una decisión de este tipo por el apego marcado de los filipinos a sus familias y por las expectativas de las familias con respecto de sus hijos. La ceremonia de envío estuvo llena de signos y de emotividad. Para la gran mayoría de quienes caminamos en estas tierras, este ha sido el mejor signo de madurez de la Iglesia local y un signo que debe cuestionar todas las estructuras de nuestra Iglesia. Para nosotros Misioneros de Yarumal y latinoamericanos es también un desafió, pues la hora ha llegado pero aún no tenemos los mecanismos para lanzar y motivar este tipo de proyectos, aún tenemos miedo a esta nueva realidad en la vida de la Iglesia. Misioneros de Yarumal, América toda, llegó tu hora! Pero no solo de palabra, ¡necesitamos quien quiera abrirse, quien quiera empezar!. Con Cristo, sal de tu tierra.
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